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ÓRBITA

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Resulta que la vida social de uno orbita en torno a distintos núcleos, o así justifica Miguel Serrano Larraz (Zaragoza, 1977) el título de su nuevo libro de relatos.  Porque Órbita (editorial Candaya) trata de eso, de relaciones sociales, de los vínculos afectivos en los procesos de madurez personal.  Siguiendo un orden temporal lógico, desde la adolescencia a la llegada de los terribles treinta, las historias de Serrano Larraz dan parte de las frustraciones propias de juventudes convulsas. 

 

En el primer relato, titulado como el libro, se nos cuenta la historia del quinceañero superdotado Samuel Soriano y su relación espiritual con Bernardo R., enigmático a la vez que reconocido físico.  A partir de ahí, una sucesión de solteras soñadoras, hermanos incomprendidos, jóvenes inconsecuentes... modelos variopintos de juventud que se desenvuelven en esa Zaragoza inocente de los años noventa.  Una ciudad descrita de forma tangencial, el eterno escenario de los malentendidos afectivos y las ansias cuasi pubescentes de estos personajes.  Y por qué no decirlo, la Ciudad Universitaria, el parque grande, la calle San Vicente de Paúl y todos los entornos escogidos por el autor suponen un valor añadido para los que crecimos en la Ciudad del Viento, pues hemos madurado y bebido en las mismas aceras en las que maduraron y se emborracharon los personajillos de Órbita.  Estos personajes son, por otro lado, víctimas de las elucubraciones mentales propias de una generación (llamadla posmoderna, llamadla afterpop) que parte del bienestar social y la facilidad para dejarse llevar por un pensamiento que, ya se sabe, siempre es peligroso.  Frente a sus elucubraciones, nada más que las relaciones sociales, las cuales seguirán causando el mismo lamento y felicidad por mucho que cambien las nuevas tecnologías.

 

Si este libro no hubiera sido escrito por un proyecto de físico, este libro no sería Órbita.  Serrano Larraz dejó la carrera en el último curso, y puede que no llegara a licenciarse, pero ha heredado esa cualidad científica de ver números detrás de la realidad.  En Y así sucesivamente un profesor de matemáticas descubre que Dios existe después de estudiar concienzudamente las matrículas de los coches de su pueblo.  Es más, el ‘background’ del autor bien podría justificar su forma de escribir, basada en la reiteración hasta el hartazgo, a la manera matemática, en muchos relatos.  Recuerda algo a Agustín Fernández Mallo, creador de la trilogía Proyecto Nocilla.  La sociedad supeditada a la fuerza de los números, que en ciertos casos parecen invadir hasta las relaciones sociales, como si fueran las cifras las que marcaran el pulso del azar.  Y los finales de las historias que nos cuenta Órbita no son nada sorpresivos ni del todo concluyentes.  Su enjundia está en la fuerza de sus ideas, como el protagonismo dado a la coincidencia en Cuerpo y alma, en la que un chico y una chica se conocen en la celebración de sus despedidas de soltería y terminan dejando a sus respectivas parejas para emprender una relación común.

 

Órbita es una obra sobre el sitio y la época en que nos ha tocado vivir.  Serrano Larraz tiene una chistera mágica de la que saca personajes e historias formidables con las que dar cuenta de los temores del siglo XXI, contados éstos de una forma cuanto menos original, y siempre divertida.  Acostumbrado a escribir poesías que son poco más que aforismos, ahora este ingenioso escritor nos muestra un adelanto de lo que ojalá sea una prolífica colección de nueva y buena literatura.

19/11/2009 11:43 Autor: Fenrisolo. Enlace permanente. Tema: Libros No hay comentarios. Comentar.

NUBOSIDAD VARIABLE

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Nubosidad Variable es una novela epistolar sobre las emociones de dos mujeres posmenopáusicas, amigas de juventud, que tras más de treinta años sin saber nada la una de la otra coinciden en una galería de arte.  Dicho reencuentro arrastra a ambas a emprender una recapitulación más bien amarga sobre sus trayectorias vitales.  Mariana León, reconocida psiquiatra, ha vivido esas últimas décadas como una sucesión de romances tortuosos y anhelos mal saciados, muchas veces dominada por la necesidad de ser ella quien deba pasar al diván.  Sofía Montalvo, por su parte, ha creado un hogar cimentado en la indiferencia hacia su marido y el infinito amor que profesa a sus tres hijos.  Mariana invita a Sofía a recuperar su genio para la escritura y dar así rienda suelta a la desbordante imaginación que siempre la acompañó de joven.  En un hogar ya desangelado tras la marcha de los hijos, la esposa depresiva emprende entonces a través de la escritura un viaje a las entretelas de la mente que va tornándose más peligroso a medida que indaga en sus profundos sentimientos.  Mariana corresponderá a esos cuadernos de notas con unas misivas igualmente introspectivas, escritas durante su estancia en el sur, que no se decide a echar al buzón.

 

Estas cartas y cuadernos son el poderoso instrumento con el que Carmen Martín Gaite (1925-2000) nos introduce en un paisaje emocional reconcomido por el paso del tiempo.  La doctora León y doña Montalvo han tenido a bien retomar su amistad en un momento crucial de su existencia, cuando los años corren raudos y uno comienza a hacer reflexiones genéricas sobre su paso por este mundo.  Las pesquisas sobre los motivos de la disputa que terminó por separarlas en su juventud quedan como algo anecdótico, un elemento más entre toda la retahíla de experiencias amorosas.  Nubosidad Variable es una historia de personajes malheridos, envueltos en una escala social acomodada y superficial en la que estas dos mujeres se han colado con su sensibilidad y sin ningún ánimo de adaptarse a convencionalismos.  Martín Gaite ha sabido captar esa impresión de desasosiego, que resulta mortal, como un golpe maestro, para el equilibrio emocional de Sofía Montalvo y Mariana León.  Un realismo atroz, solo comparable con obras maestras de nuestra literatura como Nada, de Carmen Laforet, donde los entornos sumamente viciados y la confusión adolescente arrastran a la pobre Andrea a jugar a unos pasos del abismo. Para la estructura se sirvió de Cumbres Borrascosas, obra de Perrault varias veces mencionada por las protagonistas, que la escritora conocía sobradamente al haberse hecho cargo de su traducción.

 

Martín Gaite hace uso de su dominio de la lengua castellana, propio de la laureada profesora de literatura que fue, y logra dotar a cada interlocutora con unos modos de expresión únicos.  Mientras Sofía muestra maneras de buena escritora, Mariana escribe sus cartas con desorden y sin apenas pausas.  La carga sentimental de Nubosidad Variable encuentra su raíz en un recuerdo real de la autora, como es el de su hija, tristemente fallecida y eternamente añorada.  La literatura es su medio para revivir el vínculo mágico entre madre e hija, que no encuentra correlato válido en ninguna otra relación familiar.  Esta novela solo podía haber sido escrita por una mujer.  Revela sin pretenderlo los procesos de intrincada sinapsis en los que se mueve la psicología femenina, su dependencia de los afectos y su lenguaje no verbal, el cual resulta a veces poco menos que criptográfico.

 

Me estrené en el catálogo de Martín Gaite hace unos meses con La Reina de las Nieves por orden de la profe’, que para algo tenía que servir la universidad.  Se trata de la novela escrita antes que Nubosidad Variable pero que no se publicó hasta después de éstaDurante la larga enfermedad que terminó por causarle la muerte, su hija animó a la escritora a seguir con el proyecto.  Después de la publicación de Nubosidad Variable en 1992 Martín Gaite culmina La Reina de las Nieves como un intento de satisfacer ese deseo que aún seguía vivo.  Aquí el juego de la memoria sigue siendo el hilo conductor de individuos igualmente perdidos y ciertamente derrotados, como derrotada debía de sentirse ella en aquellos momentos.  La escritora se sumerge en recuerdos que dañan con pensarlos.  Un ejemplo más del intimismo de esta genial autora de nuestra literatura.  El valor de la literatura de Martín Gaite reside precisamente en esa facilidad para adentrarse en los procesos del pensamiento y la memoria, tan abstractos como reales.

29/09/2009 11:48 Autor: Fenrisolo. Enlace permanente. Tema: Libros No hay comentarios. Comentar.

BROOKLYN FOLLIES

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Mi tercera incursión en el universo austeriano ha tardado en llegar algo más de lo que habría deseado.  Concretamente, ha pasado un año desde que terminé El Libro de las Ilusiones, pero nunca es tarde si la dicha es buena.  Con Brooklyn Follies el novelista de Nueva Jersey no defrauda.  Mantiene los elementos integrados en obras anteriores y alguno que otro más.  Con un flamante alter ego como avanzadilla, Paul Auster entra en un Brooklyn ascendido a categoría de mito, una realidad urbana que crece majestuosa y emancipada a la sombra de los rascacielos de Manhattan.  Nathan Glass se traslada a ese ‘borough’ de dos millones y medio de habitantes que le vio nacer y en el que espera pasar los días que le restan.  Habiendo sobrevivido a un matrimonio y a un cáncer de pulmón, lo único que le queda a este jubilado es morir sin hacer demasiado ruido mientras escribe una enciclopedia sobre la estulticia humana que ha venido a titular El Libro del Desvarío Humano.  Sin azar, esta novela no sería de Auster, y poco después Nath coincide con su sobrino Tom en la librería de Henry Brightman, un hombre maduro de pasado turbio y sensibilidad artística muy desarrollada. Tom, por su parte, fue en su día un prometedor estudiante de literatura, pero ha terminado conduciendo un taxi por las calles de Nueva York para pretender poco más que mandar al traste sus sueños.  Glass comenzará entonces a dar parte por escrito de ese encuentro, así como de todos los incidentes pasados y futuros sobre muertes súbitas, fracasos matrimoniales y un sinfín de giros en las vidas de quienes le rodean.  Había vuelto a Brooklyn para morir en paz, pero es a partir de la mudanza cuando empieza a vivir de verdad.

 

Locuras de Brooklyn es una historia repleta de personajes variopintos, más aún, de experiencias vitales que hacen de sus protagonistas víctimas del azar.  Auster se sirve de personas que aparecen y desaparecen sin la cargante necesidad de que tengan que aportar algo a la trama.  Así, es todo un misterio para el lector saber quiénes llegarán a las últimas de estas trescientas y pico páginas.  La muerte, la salud, las drogas y la desesperación, todo parece confabular sobre el destino de Glass y los suyos.  Aurora, la hermana de Tom, es una joven díscola que ha debido soportar calamidades inconfesables.  Una mañana su hija Lucy, que supuestamente vivía con su madre y su padrastro muy lejos de Nueva York, llama a la puerta del apartamento de Tom sin dar pista alguna sobre lo que le ha arrastrado hasta ahí.  Solo es una de las actrices secundarias que completan la vida de Nath y su sobrino, individuos desafortunados, desubicados, pero nada prosaicos.

 

Esa larga lista de personajes hace de Brooklyn Follies una novela coral que se distancia de La Noche del Oráculo y El Libro de las Ilusiones.  Y puede que algunas situaciones parezcan algo forzadas, que las reflexiones sobre la política norteamericana no entren ni con calzador y que las distintas personalidades no estén tan fundamentadas ni resulten tan interesantes como en títulos anteriores, ni falta que hace.  Nathan Glass no es Zimmer ni es Orr, sino un pensionista un tanto desganado muy metido en su papel de asumir la vejez.  Se me ocurre que Auster, nacido en 1947, ha reflejado aquí sus mismas inquietudes sobre la sonata de otoño de la vida.  Ya se sabe, escribir de uno mismo siempre es más divertido y terapéutico.  El autor expresa sus incertidumbres sobre la senectud y mientras tanto arrastra al lector con esa escritura fluida que le caracteriza.  Solo hay un elemento que se eche en falta en esta historia de Auster, y es su fetichismo por los productos de papelería, aunque encuentra un sustituto natural en la descripción detallada del Brightman’s Attic.  Una vez más, y como en tantas obras de tantos autores, la lectura y la escritura son instrumentos para la catarsis de los personajes.

 

Pero es que las insensateces de Glass y compañía parecen haber ocurrido en realidad hace apenas unos años.  No es hasta las últimas líneas cuando el escritor pone en situación a sus personajillos al hilo de un acontecimiento histórico, a la sazón muestra irrefutable de que esta historia tuvo su lugar y su momento, y que pudo ser tan real como la vida misma.  Hacer creer al lector que una historia inventada sucedió de verdad es un logro reservado a la buena literatura. Brooklyn fue testigo de excepción de la tragedia posmoderna tanto como de los desvaríos de la caótica familia Glass.

16/09/2009 00:13 Autor: Fenrisolo. Enlace permanente. Tema: Libros No hay comentarios. Comentar.

MIENTRAS AGONIZO

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Este artículo va sobre cómo leer un libro y no enterarse de nada.  Una novela complicada y un tío que no se cosca, resultado: Fenris con cara de pasmo, la misma que puse al concluir otras obras igualmente intrincadas como La Rebelión de las Masas y Las Estrategias FatalesMientras Agonizo, de William Faulkner (1897-1962), parece más bien un libro conceptual, y no creo que haya muchas personas, por muy cultivadas que estas sean, capaces de extraer de una sentada toda su enjundia literaria.  Si escogí esta novela de entre las miles que había en la librería es por la impresión esnobista de que leer a este grande norteamericano es una de esas cosas que no se le pueden escapar a nadie, como la de ir a trabajar de empalmada o beberse un chupito de absenta.  Por eso me voy a conformar con rescatar algunos matices del valor narrativo y de concepto de Mientras Agonizo, porque sé que no doy para más. 

 

La historia de la familia Bundren comienza con la agonía de su matriarca, Addie, cuyos deseos de yacer en Jefferson arrastran a su viudo y sus hijos a un viaje patético de nueve días para enterrar el cadáver en tierras bajas.  El escenario es el deprimido sur de los Estados Unidos de principios del siglo XX, un pueblo y un lugar que el mismo Faulkner, oriundo de Mississippi, conocía a la perfección en todas sus grandezas y calamidades.  Por esos llanos húmedos discurre el paupérrimo contingente de los Bundren para asombro de los habitantes de los pueblos por los que van pasando.  La familia atrae las miradas de los paisanos tanto como a los pájaros carroñeros que adivinan un nuevo festín de carne putrefacta tras el hedor que desprende el ataúd.  Por el camino el clan ha de pasar por varias situaciones complicadas, pero nada les resulta más cuesta arriba que sus propios viajes internos.  Y aquí es donde se manifiesta la genialidad de la novela: la visión poliédrica con la que Faulkner logra dotar a su personaje colectivo.  En primera persona, a través de 59 capítulos, los Bundren nos dan una idea de hacia dónde se dirige su locura, porque no parece que haya uno solo en la estirpe que se libre de algún tormento interior.  Incluso Vardaman, todavía un niño, va desarrollando esa locura a partir de sus inocentes ilusiones infantiles.  Mientras, su hermano Cash lo contempla todo tumbado sobre el féretro, inmóvil tras romperse una pierna al intentar cruzar el río.  Estos personajes lamentables en un espacio más lamentable aún arrastran al lector a un viaje hacia Jefferson, hacia la locura, del que no sabe cómo va a salir.  Adónde nos quiere llevar este Faulkner -se pregunta uno entonces- con tantas frases inconclusas y mal formuladas.  El autor acierta al atribuir a cada persona unas formas de expresarse particulares.  Desde lo pueril y frenético de Vardaman hasta lo más correcto de Darl.  Como resultado, el lenguaje es sencillo, todo lo sencillo que se presupone de las gentes de tan baja condición social.  Con un idioma simple, más próximo al hablado que al escrito, Faulkner nos transmite un concepto tan crucial como la vida y la muerte mismas. 

 

"La finalidad de la vida era prepararse para estar muerto durante mucho tiempo", le había dicho a Addie su padre.  Ahora ella ha muerto, pero los demás tampoco han salido muy bien parados.  Y lo que es más sorprendente, Faulkner hizo este viaje él solito, durante las seis semanas que le llevó escribir Mientras Agonizo cuando trabajaba como bombero y vigilante nocturno en la Universidad de Mississippi.  En aquellas madrugadas eternas el escritor hizo ese viaje, de principio a fin y sin titubear, para dar parte de ello a los que seguimos viendo nuestras complacientes vidas como una certeza absoluta.  Pero ni la vida es tan cierta, ni en el caso de serlo es tan segura.  A veces las travesías de la psique son las que arrastran a la persona a su última aura.  Recomiendo Mientras Agonizo, pero si alguien se atreve, mejor que se compre antes un manual de instrucciones.

28/03/2009 19:44 Autor: Fenrisolo. Enlace permanente. Tema: Libros Hay 1 comentario.


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