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MÚSICA ALTERNATIVA

Si me remonto atrás en el tiempo, hasta hace unos meses, para analizar la evolución del colapso del ruido, siento el agobiante impulso de llevarme las manos a la cabeza, arañarme el cuero cabelludo desde la nuca hasta la frente y estirarme del flequillo para finalmente morderme los labios y poner una expresión de resignación. Ahora las cosas no pintan ni el doble de mal de como las dejé, sino mucho peor. Concedo que soy un inconforme pesimista, un resentido con ánimo de buscar culpas y excusas donde no las hay, pero creo que el devenir de los acontecimientos constata mis agoreras predicciones. El ‘mainstream’ sigue su curso, los servidores de música en el móvil se están haciendo con el control de los timbres telefónicos, los pinchadiscos desalmados aprenden a violar el pabellón auditivo del personal con géneros irreconciliables mal mezclados. El ruido es una ramera que no se deja dominar, y ha encontrado en la música alternativa un instrumento expeditivo de primer orden.
La música alternativa. Me odio por acotar la realidad en términos tan trillados y confusos. La música alternativa es la música sin espíritu, la que ha nacido para servir a intereses que no tienen nada que ver con la música. Solo así puede entenderse el apellido de ‘alternativo’. Ya el nombre de pila es bastante cuestionable. Afirmar que todas de las ocurrencias de las grandes discográficas son música es un insulto al buen nombre de este arte capital. Pero esta vez demos por sentado que lo son. Son música, y son propuestas alternativas porque parten de un principio distinto al de la amplia mayoría de las iniciativas musicales de nuestra era. Parten del deseo de vender, no de expresar sentimientos, desplegar prodigio técnico o abrirse paso en un arte que, como todos los demás, es viable perfeccionar. No importa la solvencia económica de la productora que lanza al artista. Las cuestiones estrictamente económicas no deberían ser la pauta a la hora de clasificar a los distintos músicos en comerciales o alternativos. La primera consideración a tener en cuenta ha de ser su musa: el dinero o el arte. Y tal y como a mí me han enseñado a concebir las artes, las ansias por vender no entran en esa ecuación. En lo que a mí respecta, quien pervierta a la música con el fin de introducirla en el burdo mercadeo será arrastrado al sucio rincón de lo alternativo, esa palabra terrorífica con la que nos engloban a los de sensibilidad exquisita sin perder ni una fracción de segundo en estudiar nuestras filias dispares.
Dios me libre de querer llevar la contraria, pero esta noche no dormiría tranquilo si no llamara a las cosas por su nombre. La morralla que ponen en los disco-bares es música alternativa. Para escuchar música tradicional hay que armarse de valor y emprender una búsqueda que finalmente suele revelarse como infructífera. En esas estamos los incontables débiles de espíritu que, iluminados por el rutilante encanto del alcohol, buscamos sábado tras sábado destellos de cultura en un océano de aberración. Si os cuento las barbaridades que he tenido que escuchar en esos bares no me creeríais. En el último finde’ escuché techno old school remezclado con hits de reggaetón cutre. Dos estilos a priori muy dignos que son dejados a la altura del betún por un DJ al que lo único que le mueve es una pulsión destructiva. Mi condición de melómano de pacotilla me impide apoyarme en la barra y abstraerme. Tengo que enjuiciar lo que va sonando y puntuar la noche en base a ello. ¿Se entiende entonces mi resignación? Noches seguidas volviendo a casa con un martilleo en los oídos provocado por sesiones mal acompasadas y el irrespeto a la esencia de las canciones.
Para gustos, colores, dirán algunos. Posturas como la mía han sido enésimas veces tildadas de intolerantes. En lo que a mí respecta, hasta el silencio tiene cabida en la música. El noise y las fusiones desafiantes son actualmente un recurso en boga y lo acepto sin reservas. Pero hasta el silencio puede entrar a destiempo. Es un grave error pensar que todas las propuestas son igual de válidas y que todos los artistas merecen dicha consideración. Si acaso, merecerán que se les otorgue el beneficio de la duda, pero hay casos tan flagrantes de vandalismo contramusical que los quisquillosos como yo no podemos más que exhalar un hálito de estupor ante sus atropellos. Y la masa traga. Acepta como válidas las sesiones vomitivas pero por nada del mundo pasará por aceptar tendencias vanguardistas. Su único elemento de juicio es el sonido pegadizo y a lo peor las letras pseudosentimentalistas. ¡Hasta el techno tiene más espíritu que una de esas baladas zalameras!
Allá cada cual, a mí me parece estupendo. Para gustos, colores. No se puede pretender que todo el mundo desarrolle un interés por la música. El problema está en que ese desinterés queda al servicio de las disqueras ‘major’. Las personas a las que menos atrae el arte, con su desidia, son las que más favorecen la expansión a nivel global de las estrellas ‘mainstream’. No daré nombres. Solo identificaré a modo de pista quién está en el otro extremo de la cuerda, tan al límite que mediante una sencilla pirueta podría recorrer kilómetros de nombres del ‘star system’ y volver a la barra de bar donde emprendió su búsqueda del espectáculo total. El objeto en cuestión se llama Lady Gaga. Es plástica, efímera y arrebatadoramente bombástica. Es un objeto, sí, pero es el objeto más reluciente de la estantería donde se guardan todos los productos de cartón piedra de la industria cultural. Por eso contemplo embelesado sus videoclips, porque en todo lo que hace y dice hay una pátina de burla y desdén hacia los mil demonios de la música imperialista.
La música alternativa es un fenómeno mundial, como Maradona, como la prensa deportiva y del corazón. A medida que se expande reúne en torno a sí a nuevos seguidores que desvían su atención de iniciativas más respetuosas con el arte y con la salud mental de los desquiciados. Sus precursores nunca tienen suficiente y están dispuestos a acabar con la inquietud del más cultivado con tal de seguir engrosando su cuenta de ganancias. Basta con asomarse a Internet, ese medio saturado de información desechable, como la de este blog. Un instrumento para el conocimiento de vanguardias musicales, pero cargado de intrascendencia. Se anula a sí mismo porque siempre hay demasiadas fuentes en las que buscar. Ejercicios de resistencia como este logran un efecto inapreciable, y somos muchos los que nos beneficiamos del saber de Internet no sin reconocer nuestra derrota. Ni la red de redes se libra del avance de la música de sala de espera. Las propuestas alternativas (entiéndase en todo momento por ‘alternativa’ mi propia definición del término) tienen garantía de éxito porque cuentan con el aval más poderoso que existe: el dinero, el elemento de peso que está detrás de esta deriva infinita.
Escribo esto para canalizar la rabia que siento en los bares de pachanga mientras todo el mundo a mi alrededor baila feliz y despreocupadamente. En menos de una semana empiezan las fiestas de mi ciudad y las fuerzas ya comienzan a fallarme. Me aterra la visión de una inmensa carpa llena de gente agitándose al son de esa música de pesadilla. Las Fiestas del Pilar; ni la virgen se libra de morralla alternativa.
PÍLDORAS ELECTROPUNK: KAP BAMBINO

Y de vuelta con el electropunk, ese género incombustible que tan dulces jaquecas es capaz de hacernos padecer. Si You Love Her Coz She´s Dead representan el 8-bit chicle, a Kap Bambino se les puede considerar el electropunk enlatado en canciones rock. Caroline Martial y Orion Bouvier se conocieron en 2001, en una fiesta. Al poner en común su querencia por ciertos estilos decidieron empezar a jugar con el software. Los referentes de este dúo de Burdeos van desde Suicide hasta Motörhead, pero en su música apenas hay rastro de ellos.
Kap Bambino no acepta comparaciones. Es noise, punk y electro. Una mezcla del todo indescriptible que Martial se ha atrevido a calificar como ‘noise digital’ y otros como ‘technorotic industrial frig-pop’. Al margen de apellidos vanos, se trata de una batidora de sonidos marcianos recogidos en composiciones que rara vez pasan de los tres minutos. En ese reguero heterogéneo es difícil identificar los bits de videojuegos ochentenos, pero el gamberrismo a la hora de componer propio del género sigue estando ahí, con estribillos pegadizos marcando la pauta. La voz aguda de Caroline pone la guinda a este ejercicio de vandalismo musical, aunque también se acopla sin fisuras al vocoder en temas como Secret Girls, así como en los que canta bajo el pseudónimo de Khima France. Las letras están escritas en inglés, pero en todas ellas emana el sugerente acento afrancesado. Bouvier, por su parte, es el encargado de disponer los ritmos endiablados, que encuentran su máximo exponente cuando se transforma en Groupgris, nombre bajo el cual da rienda suelta a sus inquietudes chiptune y se acerca al explosivo J-pop.
En el álbum Zero Life, Night Vision (2006, en su sello Wwilko) los Kap Bambino expusieron un manifiesto que no da lugar a dudas. Para ellos el caos no está reñido con los temazos rompepistas. Mess in the Ruins y New Breath son éxitos que recogen la esencia del grupo sin derramar ni gota, mientras que Save es esa canción de fuga que aporta una falsa clarividencia a un disco cargado de percusiones cañeras y pitidos estridentes. Este dúo desconcierta (casi) tanto como los canadienses Crystal Castles, pero los de Toronto se quedan cortos, incluso resultan clásicos, al lado de los de Burdeos en esa empresa sin fin que es despertar las mentes del letargo al que nos arrastran otras vanguardias electrónicas.
Con Blacklist, largo de reciente publicación, indagan en la misma propuesta. Los distintos cortes son auténticos prodigios de la velocidad. Red Sign transmite esa atmósfera oscura y viciada que tan bien les queda, y Dead Lazers se encarga de poner los pelos de punta a base de saturación y cambios rítmicos. Quien tenga el oído hecho a experiencias sonoras extremas tomará la escucha de los Kap Bambino como un juego frenético. Porque Kap Bambino, a su manera, también divierten. Si no, que se lo pregunten a este flipao’.
Con un buen sonido y ganas de tralla, no hay grupo electropunk que tenga fácil decepcionar en el escenario. Martial y Bouvier dieron un concierto en mayo en la sala Oasis de la Inmortal, pero no pude ir porque me pilló en Valencia. Los que sí estuvieron me han contado que Caroline es un auténtico espectáculo andante. Haciendo gala de una energía sobrehumana, se dedica a correr de un lado a otro simulando sufrir espasmos al ritmo de la música. Otra Alice Glass para la colección. Ya está confirmado que el 16 de octubre actuarán en la Innombrable, en el Ocho y Medio, pero solo hay un acontecimiento capaz de hacerme perder un concierto así: Pilares. Para uno de los pocos conciertos a los que estoy dispuesto a ir, y parece que el destino se niega a ello.
Por suerte, los aciertos de Kap Bambino no terminan aquí. Desde Wwilko, sello nacido dos años antes que el mismo grupo, este talentoso dúo da cabida a iniciativas igualmente prometedoras, con mención especial para un Candie Hank que ha versionado Dead Lazers y que se nos presenta como un experto en cajas musicales de juguete. Porque en esta casa hay juguetes rotos como para llenar una ludoteca, y porque nos convence de cabo a rabo el electropunk gótico de los Kap Bambino, decimos sí a esta nueva aventura de la escena.
PÍLDORAS ELECTROPUNK: YOU LOVE HER COZ SHE’S DEAD

Clasificar la variedad musical por géneros y tendencias siempre ha sido una empresa difícil, pero hete aquí que distintos acontecimientos musicales de los últimos tiempos han hecho esa farragosa tarea aún más inútil si cabe. Entre dichas novedades destaca la irrupción de Internet, la mezcla de estilos antagónicos y el desarrollo de las vanguardias electrónicas. Y es en un nicho concreto de la electrónica donde encontramos a You Love Her Coz She’s Dead (YLHCSD). Como práctico contenedor de tendencias, utilizaré la etiqueta ‘electropunk’ para referirme a este grupo y a otros de similar código genético y actitud en el escenario. Los YLHCSD proceden del área de la ciudad inglesa de Bath, muy próxima a esa otra urbe, muy querida por servidor, que es el gran Bristol: cuna del down-tempo, el trip-hop, los Massive Attack, Portishead, de las plantillas y graffittis de Banksy... y en general, de tantas cosas que merecen nuestra atención.
Este dúo no tiene nada de down-tempo. YLHCSD son el penúltimo máximo exponente de esa música agitada que poco a poco se va abriendo paso entre la jungla de tendencias electrónicas. 8-bit, Chiptune en estado puro, You Love Her Coz She’s Dead depuran sonidos robóticos a través de filtros que hacen de su música más indefinida y le aportan un matiz analógico propio de los videojuegos primigenios, esos que tan bien han sabido incorporar a su música los nunca suficientemente aclamados Crystal Castles. Los canadienses fueron el toque de atención al incluir en sus desquiciadas composiciones loops de Super Mario Bross, de juegos de la Mega Drive, y mezclarlos magistralmente con samples de lo más heterogéneo. Ahora, los YLHCSD dan otro giro de tuerca y logran facturar canciones divertidas siguiendo la misma ruta. Si a esto añadimos su obsesión por escribir sobre superhéroes, la diversión está más que asegurada.
Resulta que tanto Crystal Castles como YLHCSD han aparecido en Skins (1,2), una popular serie británica que trata de unos chavales del mismo Bristol. Vi el primer episodio por curiosidad, y dado su vacuo argumento, sus personajes insustanciales y sus situaciones trilladas he de decir que me pareció pésima (para qué nos vamos a engañar), pero como plataforma para darse a conocer no está nada mal. Qué mejor forma de aficionar a los adolescentes inglesitos al electropunk de nueva ola que con You Love Her Coz She’s Dead en canciones casi galácticas como Young Tender Hearts Beat Fast! Para los que nacimos en los ochenta, el que un grupo nos haga recordar nuestras sesiones intensivas de Street Fighter y demás juegos míticos le da un valor añadido a su música. Los quinceañeros de hoy en día ya no disponen de esa referencia, pero creo que también podrán encontrarle la gracia a esos samples explosivos.
Por si fuera poco, el reputado sello y a la vez firma de ropa francesa Kitsuné los incluyó en los recopilatorios Paris y Kitsuné Maison 6. Esta misma disquera es la que en noviembre del año pasado lanzó el EP Inner City Angst, que contiene su primer single, Dead End. El desconcertante videoclip de la canción parece un homenaje a los zorros que transitan despreocupadamente por las calles de Bristol. A la espera de que saquen algún que otro largo, nos conformaremos con esos cuatro temas y sus remixes de éxitos como Womanizer, ni más ni menos.
Habrá que estar atento a sus giras por el extranjero, aunque por lo que veo, hasta la fecha solo se mueven por Reino Unido. Sin llegar a la descarga hiperactiva de Caroline Martial, cantante de Kap Bambino, ni mucho menos a los extremos briagos y decadentes de Alice Glass, los de Bath deben de ser pura tralla para no dejar de pegar brincos. Se acercan tiempos prometedores para el electropunk, You Love Her Coz She’s Dead son solo la punta del iceberg.
ROUGH TRADE SHOPS – COUNTER CULTURE 08

Rough Trade pone todo su credencial como cazatalentos en el recopilatorio ‘Counter Culture 08’. Son un total de 44 temas de un amplísimo espectro de estilos que para el personal de las tiendas que Rough Trade tiene en Londres vienen a definir lo mejor del año pasado, los sonidos que más curiosidad y expectativas despiertan. El resultado es una reliquia para el melómano; no podía esperarse menos de la discográfica de Belle & Sebastian y Arcade Fire. El CD1 pasa por los exponentes pop del momento y presenta en su segundo track al que es No. 1 del Top 50 de Rough Trade en 2008: Bon Iver y su voz desgarradora. Pero guarda más sorpresas para los no iniciados, como la tremenda tristeza de The Low Anthem en Charlie Darwin. Para pop tirando a twee tenemos a los galeses The School, mientras que tres pistas más arriba los Crystal Stilts ocupan el otro extremo de la cuerda con su cadencia derrotista.
Vivian Girls aportan la actitud ‘punkita’ a esta visión sosegada de la vida que es el primer disco, que no por tranquilo está falto de fiesta tropicalista con la firma del nuevo español universal. En efecto, se abre el telón y aparece El Guincho con su tropicalia de la era espacial. Por mérito propio Pablo Díez-Reixa se ha colado en lo mejor de las novedades musicales internacionales. ¿Qué vendrá después de Alegranza? La incertidumbre nos reconcome las entrañas a los fieles a la nueva ola instigada por el canario. También merecen atención los franceses Koko Von Napoo y sus innumerables remixes, las versiones de clásicos facturadas por la voz magistral de Alela Diane con Headless Heroes y los sonidos distantes de las neoyorquinas Telepathe, un intrigante dúo que desde Brooklyn nos ofrecen pop vanguardista con el que marcarse unos pasos raros. Por último, algo de futurismo a cargo de The Emperor Machine para cerrar esta primera mitad de flor y nata.
Entramos en el CD2 bien serviditos de pop y advertidos del tsunami noise que se nos viene encima, porque aquí casi todos los temas están cubiertos de un velo de cuidada distorsión, salvo los comedidos escoceses de Correcto y poco más. The Pains of Being Pure at Heart están aquí en representación de la esperanza shoegaze al tiempo que Alva Noto da motivos para interesarse por la música experimental, esa que juega con las frecuencias del sonido (casi nada). En este segundo disco el noise comulga hasta con el Hip Hop. Ahí tenemos a las reputadas Yo Majesty por un lado y a Aesop Rock en colabo’ con Tobacco por el otro. Pero para tormenta de ruido nadie mejor que HEALTH, y esto sí que no es ninguna novedad. Zombie Nation y Tiga hacen las delicias de los amantes del electro con su proyecto ZZT, al que convendría subtitular ‘El matrimonio perfecto’. Entre tanta vanguardia no podía faltar algo de los ritmos que petan las pistas londinenses, como el dubstep de 2562 y Dusk+Blackdown. Vamos, que aquí solo falta una dosis de skweee para ir a la última. Los dos temas del final son una reconciliación con el pasado, así es que Mark Stewart nos devuelve a un tiempo previo a toda tendencia. Cuando Pablo intenta retrotraernos a base de samples a los años cincuenta ya es demasiado tarde; mucho noise y pop indie nos preceden. A la vista está, desgranar esta mina de talentos es una tarea deliciosa a la par que infinita. Claro que faltan cosas (James Yorkston y Herman Dune quedarían casi tan bien en el primer disco como los Crystal Castles en el segundo), pero creo que por hoy podemos darnos por satisfechos. Disfrutad estas novedades, a mí me da que cuando termine de analizarlas todas a fondo ya habrán dejado de serlo. Y si eres la chica de la portada, ponte en contacto con el sello. Parece que hay gente que anda buscándote.
